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Hablando de violencia...

Mª Ángeles Llorente Cortés - Integrante de MRPs País Valencià

Publicado por Otros colaboradores/as | 7 de abril de 2007

Vivimos en una sociedad violenta, en un mundo en el que la violencia se muestra en horarios de máxima audiencia sin ningún pudor y en que sólo se cuestiona dependiendo de quién la ejerce.

No hace falta definir la violencia, por desgracia pocas son las personas que no han padecido algún tipo de violencia en sus vidas, pero tal vez fuese conveniente que nos pusiésemos a la tarea de enumerar algunas de las múltiples formas de violencia que se vienen produciendo para no caer en la banalidad, los discursos simples y las recetas milagrosas.

No podemos olvidar que la enfermedad y la muerte, inherentes a todo ser humano las percibimos como una violencia básica. La injusticia social, la pobreza, los desastres ecológicos, la explotación, la marginación y la exclusión, las guerras preventivas, las de dominio y poder, la tortura..., son formas de violencia profundamente instaladas a escala planetaria. Las agresiones a los más débiles, las descalificaciones , la violación de derechos fundamentales, la falta de trabajo, de alimentos, de medicinas, afectan millones de personas en todo el mundo. El consumismo sin medida es la forma de vida por excelencia del mundo occidental .

Con este panel de fondo, muchas veces se tiende a hacer análisis parciales y sesgados de ciertas realidades. La escuela, los sistemas educativos forman parte de estas sociedades violentas, y en ellos conviven adultos, niños y jóvenes, personas de todas las edades. La escuela, el IES o la Universidad no son islas en medio del mundo. Están inmersas en la sociedad y participan de sus problemas.

Si ésta es la realidad, tendremos que aprender a vivir en ella, a combatirla y a generar actitudes y estrategias que nos permitan mejorarla y cambiarla. Tendremos que formarnos individual y colectivamente para hacer frente a todo tipo de situaciones, dificultades y conflictos inherentes a la vida en sociedad.

La educación supone un proceso de socialización de las personas que la disfrutan y comparten en un momento determinado. Se presupone también que mediante procesos de educación socializada aprendemos a convivir. Asimismo es un hecho constatable que toda convivencia implica conflictos. Pensemos en los núcleos familiares, en las pandillas, en las sociedades culturales, deportivas, en los partidos políticos, etc. Si toda convivencia implica conflictos, tendremos que profundizar en cómo nos manejamos y desenvolvemos en estos para que no deriven en situaciones de violencia . Si de la experiencia cotidiana se deduce que un conflicto se agrava o resuelve en función de cómo se aborda, habrá que hacer esfuerzos considerables en buscar claves para el tratamiento de los mismos. Si bien es cierto que hay ya muchas personas que desde diferentes campos profesionales, están trabajando en este sentido, también es cierto que todavía estos estudios no son conocidos, ni las estrategias que proponen vivenciadas por sectores amplios de la sociedad.

Por otra parte , en toda situación de violencia hay que tener en cuenta como mínimo dos factores, las persona o personas que participan en ella y el contexto. ¿Qué es lo que hace que ante una misma situación una persona reaccione de forma violenta y otra no? ¿Toda persona puede ser violenta en determinadas situaciones y contextos?, ¿Determinados contextos llevan implícita la violencia? ¿La violencia es inherente a la vida?

En el ámbito educativo y posiblemente en todos los demás también, un buen diagnóstico de la situación implica conocer a las personas y profundizar en los contextos, supone buscar las causas que han generado el conflicto, ir a la raíz del problema. Sin un conocimiento medianamente profundo del por qué se produce un conflicto, va a ser imposible planificar una intervención que no sea contraproducente o negativa. Cada situación conflictiva es única y requiere de unas actuaciones concretas y particulares, normalmente no transferibles a otras. Éstas y otras reflexiones nos sitúan ante un problema complejo.

Intervenir sobre las situaciones de violencia requiere en muchas ocasiones un trabajo interdisciplinar e integrado de diferentes campos profesionales: sociólogos, filósofos, educadores, psiquiatras ..... requiere también de una ciudadanía consciente y formada. Y necesitaría también de unos medios de comunicación responsables que no sólo publicitaran modelos negativos, normalmente sucesos, en su fase final, sin analizar causas, ni procesos. Un buen análisis de los hechos ofrecería pautas educativas y de conducta a las personas que los están viendo o escuchando.

Se sabe también que las personas aprendemos copiando modelos de comportamiento. Una persona que en su familia padece malos tratos, carencias afectivas, abandono..., va a ser difícil que en la escuela, en su pandilla, en la calle, no manifieste conflictividad , entendida ésta no sólo como peleas y agresiones, sino de otras muchas maneras que también van a incidir en su proceso de socialización e integración.

Por otra parte la estructura del Sistema Educativo genera en sí misma una parte de violencia que pocas veces se tiene en cuenta: espacios viejos y cerrados, en ocasiones mal cuidados, estructuras horarias rígidas, la desconexión de lo que se enseña con el mundo real, la falta de formación de muchos docentes, la escasa participación de las familias, entre otros muchos factores.

A nivel social, algunos/as de nuestros alumnos/as niños/as y jóvenes, pertenecen a familias desestructuradas, marginadas, en situación de drogodependencia, en situación de desventaja social por diferentes causas, etc. Y todos estamos viviendo las secuelas del neoliberalismo económico que potencia el individualismo, la reclusión en lo privado, la competitividad, la deslocalización de empresas.... A nivel político, el imperialismo sigue campando a sus anchas utilizando la explotación, la guerra , la tortura y provocando nuevas formas de terrorismo.

Expectativas, como vemos, nada favorables para un mejor futuro de la humanidad .

A pesar de todo ello , en nuestra cotidianeidad, en muchas familias, escuelas y comunidades humanas, en todos los lugares del mundo, se vivencian ejemplos de convivencia pacífica, actos de solidaridad, se aprecian esfuerzos considerables por mejorar los espacios en los que nos movemos y la sociedad en general. En todos los lugares del mundo hay personas que empeñan sus vidas en mejorar los lugares y las sociedades en las que habitan.

De cada escuela, de cada pueblo, de cada ciudad, se podrían mostrar diariamente ejemplos que nos reconciliarían con el género humano. Pero las prácticas alternativas no venden, no se publicitan, no se dan a conocer. Para mejorar, los seres humanos, que aprendemos de modelos de comportamiento, necesitamos referentes positivos. La exclusiva publicitación de modelos negativos genera sentimientos de inevitabilidad e impotencia, que nos paralizan. Los modelos positivos nos dan claves para la intervención y la mejora.

En este sentido, un aspecto ciertamente relevante es que esta presencia, en los medios de comunicación, de lo más negativo de las sociedades, va acompañado también de las propuestas más reaccionarias de ciertos grupos sociales. Así abunda también la publicidad de las medidas represivas, sancionadoras y punitivas, como formas únicas de afrontar las situaciones de violencia. Se incita al ojo por ojo, a la venganza. Parece haberse olvidado que “La violencia sólo engendra violencia” y que es necesario romper el círculo . Palabras como la compasión, el perdón, la reinserción, las terapias de modificación de conducta, el diálogo , etc, aparecen en muchos casos descalificadas e incluso demonizadas .

Y esto se está trasladando al sistema educativo. Ante las deficiencias de un sistema educativo creado por los adultos, la incapacidad de algunos docentes para generar respeto, autoridad y afecto en su alumnos/as y la dejación de la obligación de educar por parte de muchas familias , se pide que los castigos recaigan sobre los niños y jóvenes de las formas más peregrinas como expulsiones inmediatas , entre otras flores que más vale no mencionar.

Está claro que la sociedad ha cambiado y que la escuela necesita renovarse, pero esta es una tarea larga y compleja que requiere de cambios profundos: en la organización de los centros escolares que debe ser más democrática, en el diseño de espacios y tiempos, en la organización del saber, en la formación docente , en la jornada laboral de los padres, en la prohibición expresa de que un niño esté encerrado en las escuelas más de 6-8 horas? ( ésta es la jornada laboral de un adulto), entre otras muchas cosas.

Deberíamos, sin duda, matizar mejor las palabras y precisar ciertas apreciaciones y titulares de prensa. No es lo mismo que dos niños de tres años se peleen por una pelota, que lo hagan dos adolescentes o que lo hagan dos futbolistas de élite en un campo con miles de personas. Convendrán ustedes conmigo en que en el primer caso los niños están aprendiendo a compartir, en el segundo tendremos que enseñarles a controlar su impulsividad y en el tercero me reservo la opinión.

Pero sobre todo , creo firmemente que es necesario recuperar el valor pedagógico y social de la UTOPÍA . Sin utopías, no hay futuro. Hemos de creer que otro mundo es posible y hemos de luchar para conseguirlo. Cuestionar el orden social establecido, desenmascarar el neoliberalismo, promover los valores que buscan el bien común y luchar por la justicia pueden ayudar a orientar la labor pedagógica y social de las personas que queremos trabajar por la transformación social. En la escuela y en todos los ámbitos formativos, se hace necesario educar en la práctica de la reivindicación y la protesta. Hemos de crear contextos en los que las personas con las que trabajamos puedan analizar, criticar, denunciar y ofrecer alternativas a problemas reales y concretos que les afectan en sus vidas cotidianas.

Hemos de practicar la democracia en la escuela , creando contextos en los que la participación sea un hecho . Promover la formación integral y permanente de todas las personas, garantizando su acceso a la cultura, es la única garantía de libertad y emancipación del ser humano. Participar, implicarse, organizarse, dignificar la política y los espacios públicos, convivir , es la mejor manera de avanzar en los procesos de socialización-humanización, tan necesarios en el mundo de hoy. La participación, el compromiso y la dignidad son valores a recuperar, defender y promover en todos los ámbitos de nuestras vidas.

“Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX no nos parecerán más graves las fechorías de los malvados, sino el escandalosos silencio de las buenas personas”.
Martin Luther King









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