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Artículo en la Sección Sociedad y acción crítica
El mito de la “promoción automática” o cómo la derecha ha conseguido colar su discurso educativo

José Emiliano Ibáñez - Profesor integrante de Concejo Educativo de CyL y del Foro Social de Palencia

Publicado por José Emiliano Ibáñez Herrán | 30 de noviembre de 2005

¿Por qué el discurso conservador y clasista ha calado en ciertos sectores progresistas e incluso algunos que se consideran radicales de izquierda?

Mientras que algunos medios de comunicación y gentes más o menos progresistas se resisten, con buen criterio, a tomar como cierta la información interesada que da la derecha, cuando se habla de educación se cree a pies juntillas casi cualquier cosa con el mismo origen. Uno de los ejemplos más sangrantes es el de la “promoción automática”, escogida por el PP como pretendida evidencia de que había que reformar el sistema educativo (reformar “hacia atrás”: y nuestro atrás es el franquismo). Si eso fuera cierto tal como lo cuentan: ¿por qué hay alumnado repetidor? ¿por qué en torno a un tercio de estudiantes no obtiene el título de la ESO, que es una enseñanza obligatoria?. Si resulta que periodistas y gentes del común fácilmente tienen familiares o amistades cuyos hijos o hijas repiten curso, ¿cómo pueden repetir tal inexactitud o abierta falacia? Lo que llamaban “promoción automática” era la organización de la educación primaria y primeros dos cursos de la ESO en ciclos de dos años, por lo que no se repite en el primer curso del ciclo, pero sí en el segundo  [1]. En este aspecto, una ley tan reaccionaria como la LOCE, del mismo PP, el cambio que introducía era que el primer ciclo de la ESO pasaba a considerarse dos cursos independientes y, por tanto, se podía repetir en los dos; en Primara, los ciclos quedaban igual. O sea, que dejaban lo que llamaban “promoción automática” igual en casi todos los casos, pero consiguieron que se dijese en los medios: “se acabó la promoción automática” decían incluso en los medios de comunicación menos afines al PP). Sorprendente.  [2]

La educación tiene numerosos y graves problemas: los aprendizajes resultan insuficientes, son mayoritariamente academicistas y superficiales, sigue predominando la memorización y el ejercicio más o menos mecánico y troceado sin aplicación vital ni práctica, falta la elaboración personal, escasea (cuando no se combate) la colaboración, el sentido crítico y la acción colectiva... y los excluidos escolares son, en mucha mayor proporción, los de las clases populares. ¿Se habla de todo ello como problemas educativos? No: la derecha, con los sectores corporativistas al frente, ha impuesto que sólo se indigne la opinión pública ante la “falta de esfuerzo” y la conflictividad en las aulas. A uno, como profesor, le gustaría que el esfuerzo fuese mayor y el ruido menor, pero, de ahí a que se desvíe toda la responsabilidad al alumnado y sus familias, va un abismo. ¿Es la solución excluir a quien le cuesta más trabajo estar motivado o tiene menos apoyo en casa? ¿Es la solución hacer aún más selectivo el sistema escolar? ¿Es la solución aumentar la obediencia acrítica del alumnado? Sí, es la “solución” para que quienes tengan éxito académicos queden con las vías despejadas, y el sistema educativo y la sociedad deje claro que en el fracaso sólo interviene la responsabilidad individual, olvidándonos de la obligación de promover la igualdad social. Es la “solución” para quienes quieren un sistema todavía más individualista y clasista.

Pero no hemos respondido a la pregunta inicial ¿por qué este discurso conservador y clasista ha calado en sectores progresistas e incluso pretendidos radicales de izquierda? Algunas cuestiones pueden ayudar a explicarlo:

-  La manipulación de los problemas reales y la idealización del pasado. Los sectores conservadores han utilizado los problemas escolares para llevar la situación a su terreno. Han utilizado algo que es verdad, como que el esfuerzo tiene importancia, por ejemplo, para sacar la conclusión interesada de que entonces no hay que hacer más, ni hay que cambiar los métodos, ni hay que mejorar los recursos, ni hay que trabajar de otra manera porque el que quiere estudiar estudia y el que no, no. Hay una simplificación interesada también cuando se echa toda la culpa a la LOGSE; hemos hecho importantes críticas a esta ley (no las mismas que la derecha, por supuesto), pero decir que la LOGSE tiene la culpa de la falta de interés, de la falta de esfuerzo... ¿es que la sociedad actual es la misma que la de hace unas décadas? ¿es que nadie se acuerda del fracaso de los primeros cursos de la FP en el anterior sistema? ¿y de la población que no estudiaba?

-  Un cierto `elitismo’, más o menos disimulado: hay profesores/as que quieren hablar de la igualdad social en clase... pero sólo con quienes encajan en un determinado perfil académico, sin el alumnado que sufre la desigualdad en su propia vida, y que quizá como efecto de ello tiene más dificultad para seguir una educación no pensada para él. A veces, bajo una argumentación izquierdista se intuyen olores nostálgicos o corporativos.

-  El `mi-hijismo’: llamemos así a considerar que el verdadero progreso social empieza por los propios hijos/as y pensar en términos como “sí, el colegio es de monjas, pero les exigen mucho...”o “mejor en el Instituto X, que va a estar en un mejor ambiente...”. Seguramente no resulta ajeno a esta realidad otra más general: la instalación en el individualismo y la renuncia a una verdadera mejora colectiva.

-  La voz dominante es la de quienes tuvieron éxito escolar y disfrutan de una posición social asentada. Parece mentira que alguien pueda idealizar una educación como la franquista... pero se está haciendo, a menudo con la idea de “a mí me fue bien, luego debía funcionar bien”: ¿miramos la proporción de gente que no estudió más allá de la primera escolaridad? ¿miramos los índices de lectura de la población que se educó en el franquismo -de toda la población, no del círculo de amigos/as licenciados/as-? En cambio, no se oye, igual que en otros temas, la voz de las familias que, aún intentándolo, se encuentran que es la escuela tradicional la que no responde a sus demandas, y que encima les echa la culpa del fracaso escolar de sus hijos. Recojamos una de estas voces (real y contundente): “Si ellos enseñan a una, porque una no ha aprendido casi nada en la vida, nada más que trabajar, pero una quiere lo mejor para nuestros hijos y viene del colegio y dice mamá y esto, y qué te explico yo, si yo sé menos que tú, porque los de antes sabemos hasta que están en segundo o tercero, ya no sabemos explicarles nada; la primera cartilla se la he enseñado a todos mis niños, pero ya nada más. Que los maestros se esfuercen más con los niños, y los niños también y las familias; que ayudamos en todo lo que podemos, pero los que estamos trabajando todo el día y los padres, que vienen de trabajar y se bañan y se tiran en el sillón, y trabajar en la calle y en la casa y con los niños, y no podemos con todo.” ¿Hemos visto reproducidos mensajes similares en algún medio de comunicación? Los Muñoz Molina y los Javier Marías, por ejemplo, ¿tienen amistades en su círculo que les informen de estos ángulos de la realidad? ¿por qué se permiten hacer generalizaciones a partir de lo que les cuenta algún familiar o conocido/a que trabaja en educación, sin documentarse, sin ese rigor que echan en falta en el alumnado?

-  Las contradicciones internas y limitaciones de reformas que fueron sólo educativas y de carácter muy moderado, enmarcadas en contextos neoliberales (como fue el caso de la LOGSE). Aquí habría mucho que hablar, pero resumámoslo en lo denuncia que hicimos en los primeros noventa: eran del gobierno del PSOE, pero la orientación de la reforma la dieron los socialdemócratas, la escribieron en el BOE los tecnócratas y la financiaron los neoliberales que, además, orientaban la cultura social con aquello de que España era el país en que uno más fácilmente podía enriquecerse (como dijo Solchaga). Estas contradicciones laminaron parcialmente el discurso progresista.

¿Y qué pasa con la actual reforma promovida por el PSOE? La LOE elimina bastantes de los elementos más reaccionarios de la LOCE, pero se queda corta: los cambios han de ser de mayor calado y en una línea de defensa radical de la educación pública. Es decir, no resulta criticable por lo que afirman los sectores conservadores, sino más bien por lo contrario.


Una versión reducida (origen de este artículo) fue publicada en el periódico "Diagonal" (24 noviembre 2005, nº 18, p.17) www.diagonalperiodico.net/Como-la-derecha-cuela-su-discuso.html


[1] También se promociona si ya se ha repetido y no se aprueba, pero, en este caso con las áreas pendientes.

[2] Otros cambios eran de mucha mayor trascendencia (itinerarios, favorecimiento de la privada, etc.), pero sólo se trata aquí de mostrar, como ejemplo, la falsedad de un mito concreto.









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