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Artículo en la Sección Aprendizajes: qué y cómo
"El día a día: educar, entusiasmar"

Con Rosa Gibert Moliner, maestra y directora de la escuela pública Dr Robert de Camprodón y miembro de la Federación de MRP de Catalunya

Publicado por Concejo | 9 de marzo de 2014

Tertulia informal organizada el 14 de marzo de 2014, en la que, partiendo del planteamiento del centro Dr Robert de Camprodón que presenta Rosa Gibert Montaner, se propone debatir y contraponer las distintas realidades y posibilidades de trabajo en el aula de quienes asisten.

Comienza la tertulia con una serie de pautas que definen lo que implica el término EDUCACIÓN.

El comentario del titulo de la misma tertulia es el motivo para comenzar aclarando esto: está bien hablar del día a día pero ¿por qué solo en Educación Infantil? ¿por qué hablar solo para una etapa? La educación debe ser un continuo que abarque todas las etapas. Hay que huir estereotipos de “esto es de infantil” o de “Secundaria” Se educa y punto. En educación no debemos contraponer términos como educar o entusiasmar, son dos términos que deben ir juntos, son casi lo mismo.

Ambos elementos sirven para variar el titulo de este artículo y dejarlo en la forma en que aparece ahora.

La educación es, incluso, algo mucho más importante que el aprender, más que lo que se hace en las escuelas. Estas son unos instrumentos que, por un lado, hay muchas veces, deforma el sentido de la educación. Por otro, en cambio, puede servir, bien utilizado, para potenciar el enriquecimiento personal y para compensar. Habrá que denunciar deformaciones de ese uso de las escuelas. Hay que denunciar que, por ejemplo, en muchas ocasiones las escuelas no son inclusivas, que en vez de utilizar su tiempos y actuación en compensar, está obsesionada con resolver la burocracia que le acaba “matando la vida”.

Se dirige después el comentario hacia cómo actuar en Educación.

Hay que dar importancia a la posibilidad de hacer algo. Si partimos del “es posible” eres potente para hacer lo que te propones.

Debemos hacer y reflexionar, debemos investigar, es lo que Rosa propone. Tenemos que tener claro el objetivo lo que queremos para actuar hacia él y dar mucha importancia a evaluar, pero de verdad, para corregir lo que hayamos hecho y saber si nos hemos acercado al objetivo o no.

Añade además cuatro aspectos que l@s maestr@s debieran tener. De una parte un compromiso ético, que tener, como ocurre con la medicina. Un claustro, por ejemplo, en un momento difícil, es, a veces, más comprometido que asistir a una manifestación. Por otro lado hay que referirse a la emoción. Al actuar la técnica es importante pero lo difícil es la emoción, hay que pelear el entusiasmo. Eso es lo que nos debe valer para sacar adelante nuestros proyectos y para luchar. En tercer lugar, para educar hace falta tener “criterio”, también político. No podemos pasar por un ámbito tan importante como es la educación sin tener postura, pronunciarnos, definirnos. Por último hace falta ilusión para cambiar y tener compromiso para tirar hacia adelante. Debiera plantearse la educación como derechos y los niñ@s tiene derecho a tener maestr@s ilusionados.

Debemos, en resumen, caminar hacia la utopía, definir, incluso, un nuevo concepto de utopía y ser políticamente incorrect@.

La actuación ante las dificultades nos la debemos de plantear de forma flexible, adaptable, marcando estrategias, como el viento o el agua que pasa alrededor de un árbol o de sus ramas para seguir avanzando, en vez de chocar continuamente con el tronco para ver si lo derriba y puede continuar. ¿Qué hacer, por ejemplo, con todo lo que viene de arriba y que promete ser tan destructivo?. Deberemos marcarnos la “insumisión” como objetivo, pero eso debe suponer definir estrategias pensando que en realidad son quienes están en los centros quienes deberán ponerlo en marcha, quienes lo deberán aplicar. Quizá entre las estrategias colectivas esté el de llegar a las direcciones, justamente para no “dirigir” y hacer del centro algo mucho más compartido. Nunca, en todo caso, esa imposición “destructora” debe llevarnos a la comodidad por supuesta “imposibilidad” de actuar. Podemos “maldecir” todo lo que queramos lo que viene de arriba, pero lo peor sería que lo copiemos, que lo llevemos a la práctica sin más. Podemos moldear casi todo lo que nos quieren imponer pero nunca copiarlo.

Es necesario debatir y hacernos responsables de lo que hagamos. Desgraciadamente cada vez se discute menos en los claustros. Es necesario hacerlo y actuar para huir también, de la supuesta renovación que se basa solo en la queja y resulta ser inmovilista. Ese debate debe estar sustentado en documentos teóricos que nos ayuden explicar y evidencias que nos hagan ver errores y aciertos

En tercer lugar se habla de la importancia de lo colectivo

El grupo nos permite compensar, por ejemplo, situaciones personales. Si una persona que forma parte del mismo (referido tanto a alumnado como a profesorado o familias) tiene una necesidad concreta , está “floj@”, una situación de debilidad, una descompensación , el grupo puede salvar el momento porque lo que importa es lo sistémico. En una situación basada en individualidades eso no es posible. Si nosotros nos marcamos un objetivo todo debe ser analizado por ese filtro. Así la inclusión es casi una obsesión en la Escuela de Camprodón. Partiendo de ahí, cada actividad debe pasar por ese filtro. Por ejemplo solo el hacer un “diario individual de verano” puede suponer una discriminación dependiendo de qué familia se trate: algunos llegan a ser una pequeña “obra de arte” y otros son elementos mucho más empobrecidos. Habrá que buscar mecanismos de compensación también aquí, sin señalar a la persona y avanzar supone coherencia. Eso implica hacer esa traslación en cada caso.

Las escuelas deben apostar por caminar junt@s, de forma colectiva, compartida. Un centro nunca debe ser fruto de una sola visión. Ver en él un resultado “monolítico” sería el resultado de que no se camina en colectivo. Los centros deben construir conocimiento pedagógico y para eso hace falta debate y crítica, al trabajo (no a la persona). Eso es algo que todo el mundo asume inicialmente, pero nos diferencian los “miedos” que todo el mundo tiene en algún momento. Ellos nos hacen que no podamos desprendernos de “nuestra mochila”, De esa mochila que tira de nosotr@s para atrás y nos impide salir y lanzarnos hacia adelante en proyectos que , en muchas ocasiones, vemos intelectualmente bien. Los miedos deben ser reconocidos para poderlos superar.

En las escuelas la gente “tira para adelante” cuando existe un proyecto pero también un ambiente emocional positivo. Para ello todo el mundo debe sentirse aceptado, desde el principio, debe ser visto como capaz de renovar.

Por último se entró a hablar del trabajo pedagógico en los centros.

Este en la Escuela Dr Robert de Camprodón, se basa en unos cuantos pilares.

Uno de ellos es el constructivismo que permite el aprendizaje desde el mismo alumnado. Otro es el compromiso ético. Un tercero es el aprendizaje natural ( la llamada teoría de la complejidad de Loris Malaguzzi , aplicadas en la región italiana de Regio Emilia . Los saberes en la escuela según este planteamiento entran de forma natural, con toda su complejidad y el niñ@ los aprende a partir de ahí, no de forma estratificada. Se trata de “poner en situación de aprender” con toda la riqueza de lo que les llega. Los niñ@s aprende en la “ciudad” porque tenían un papel que desempeñar y lo hacen de forma compleja. En relación a lo anterior se acude al psicolingüismo como forma global del aprendizaje del lenguaje. Un niño o niña desde que nace está recibiendo información compleja. Le hablan con todo tipo de frases y estructuras, ¿cómo va a empezar a aprender el lenguaje por una letra y luego otra y luego otra?

La realidad estructural con el planteamiento pedagógico y participativo que creemos, debe ser flexible pero ha de ser para todo@s y para hacer entre tod@s. Si en un centro estamos poniendo en marcha la asamblea de alumnado, como elemento de participación en nuestras aulas, por ejemplo, tendrá que ser para dar la posibilidad de que sus propuestas salgan adelante. Hacerlo de otra forma anularía el sentido de hacer asamblea, les aportaría un sentido de falsedad de inutilidad

La evaluación de lo que hacemos debe ser otro elemento fundamental que nos ayude a variar basándonos en evidencias

Toda la tertulia estuvo atravesada, hasta el final, por un discurso optimista por las posibilidades que se abrían en la discusión. El cruce de realidades por parte de quienes participaban, parecía que transitaba entre la desesperanza individual que produce un sistema encorsetado, academicista desde una edad tan temprana, que veta propuestas de creatividad, con una futura ley, además, que va a romper la vida en las escuelas. Aun así se fue caminando hacia un mundo de opciones que salven esas situaciones peleando, proponiendo, caminando con otr@s personas en colectivo, siendo viento o agua en vez de chocarse contra el muro sin poder derribarlo. Las ganas de continuar agotaron el tiempo e hicieron reclamar la continuación de este debate.









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